reflexión #2 #palabras #feminismo

Las palabras me importan. Me dan qué pensar por sí mismas. Algunas no las haría como son. Puede que en sí misma la palabra feminismo no me guste. La carga que arrastra, el sonido que emite. Es en nuestro  background cultural una palabra deteriorada, parcializada, parodiada, manchada, violada. Esta palabra no debería ser feminismo. La cambiaría. Y si fuera otra, habría tenido otra vida, de mayores éxitos y menores sacrificios. La cambiaría, pero ya no se puede. No se puede vivir en esa utopía. Sería un esperanto jamás difundido y subjetivo.

No me gusta como suena feminismo. De la femina y el ismo. Además con o. No le pega la palabra a la historia que recoge. Es un cúmulo de historias en la Historia, sin orden y con contexto. Es la representante de una lucha. Con a.

Me guste o no su etimología, me gusta su significado, que responde a la acepción del esfuerzo, el sacrifício. Y enmarca su semiótica en la lucha.

De la lucha me sale luchadora.

«Madre luchadora. Mujer luchadora»: entiendo de lo que estás hablando.

«Hombre luchador. Padre luchador»: ¿En qué sentido?

La mujer tiene muchas modelos, maniquís, representantes, inspiraciones, perfiles culturalmente construidos. Una de ellas puede ser ‘la mujer luchadora’. No mola, la verdad, que la mujer tenga que ser luchadora, pero la realidad es que lucha.  Se entiende y se representa. Intrínseco a la realidad de la mujer como ente construido. La mujer categorizada. Que somos todas y ninguna.

El peso de la mujer luchadora es pesado, cansado y autodestructivo. Un estereotipo. La historia se cambia rompiendo estereotipos, ¿creando nuevos? ¿Somos el mayor producto cultural de la historia? ¿Las mujeres? ¿Somos el estereotipo más grande, más disperso, más difuminado, más difundido?

¿Es entonces en sí ‘feminismo‘ un estereotipo dentro del supermercado de la mujer? Es un -ismo fabricado que contiene todos los estereotipos que se le hayan querido añadir.

Pero más allá de los desgastes y jirones, feminismo es el único titulo que tenemos para la historia de una lucha, porque luchar se ha luchado. No podemos cambiar la palabra, porque es el significante adscrito a un movimiento. Un movimiento incomprendido, disociado, pervertido, ensuciado, pero también atrevido, constante, enrabiado, necesario, basico, irrenunciable.